¡Saludos histobloggers! Después de tanto tiempo trabajo silencioso, tengo la alegría de compartir con ustedes algunos fragmentos de mi trabajo de investigación. ¡Al fin empiezan a aparecer los frutos! En esta ocasión les transcribo uno de los apartados, llamado “Tecnología y navegación en alta mar”. Espero que lo disfruten.
III.3 Tecnología y navegación en alta mar[1]
Romper las barreras impuestas por el Atlántico requirió de adaptaciones y de invenciones. Los conocimientos teóricos necesarios para la navegación astronómica existían ya desde el siglo XIII. Instrumentos fundamentales como la brújula, el cuadrante y el astrolabio ya eran conocidos en los ambientes universitarios. Sin embargo, no fueron aplicados inmediatamente por los marinos, sino luego de dos siglos. Del mismo modo, llevó tiempo la incorporación de cartas más precisas. Estos retrasos en la innovación del arte náutico pueden explicarse por un cierto conservadurismo por parte de los marinos, que preferían sus propias estimaciones al uso del instrumental náutico (Hale, 1995: 78). A pesar de los avances en las distintas áreas del conocimiento teórico, el conocimiento práctico de los pilotos siguió siendo fundamental en las primeras empresas oceánicas (Hale, 1995: 79).
El conocimiento de las corrientes y, principalmente, de los vientos se basó en las observaciones directas de los marinos. Este proceso fue lento y lleno de incertidumbres. Hale (1995: 81) señala que un escollo para la sistematización de los conocimientos obtenidos por los viajes de descubrimiento fue el recelo de las distintas monarquías europeas, que no deseaban compartirlos con sus competidores. Los primeros tratados de navegación oceánica fueron publicados hacia fines del siglo XVI.
En el apartado anterior vimos cómo la elección de las galeras fue inapropiada. Entre los siglos XV y XVI se construyeron las primeras carabelas, embarcaciones que combinaban elementos de las tradiciones septentrional y mediterránea de la navegación europea. Las carabelas no sólo se desempeñaron como el mejor navío para las expediciones de descubrimiento: los portugueses siguieron construyendo carabelas, incluso cuando otras embarcaciones como el galeón, empezaban a dominar los mares.
Chaunu (1977: 212) señala que la excelencia de la carabela se basa sobre algunas características básicas. Las más importantes a nuestro criterio son su puente alto y su velamen. Con respecto al puente alto, la carabela podía hacer frente a las olas del océano, a diferencia del puente bajo de la galera más apropiado para la navegación mediterránea. Con respecto al velamen, lentamente las técnicas textiles permitieron hacer velas más grandes. Por otro lado, el velamen de la carabela es variado, ya que utiliza tanto la vela cuadrada del norte como la vela latina del sur. El uso de estas velas hace de la carabela un barco apropiado tanto para la navegación con viento a favor, como la navegación con viento en contra. Recuérdese que la navegación con viento en contra requería que el barco describiera una ruta en zigzag, lo que prolongaba en buena medida la duración de los viajes. Los barcos de vela cuadrada debían realizar un zigzag con ángulos de 67 grados. En cambio, aquellos provistos de la vela latina hacían menos cambios –y por lo tanto, no se perdía tanto tiempo–, enfilando el viento a 55 grados (Hale 1995: 76).
La carabela fue la invención clave en la empresa ultramarina europea. Las carabelas portuguesas eran navíos rápidos y maniobrables. A pesar de algunas desventajas como la falta de una quilla (Chaunu 1977: 214), sin duda fue el elemento clave en la superación de las limitaciones impuestas por el espacio atlántico.
[1] Seguimos en esta sección a Hale 1995 y a Chaunu 1977
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